Monumento José Luis Castiglia

Ubicación: Plaza Castiglia (delimitada por las calles Don Bosco, Monseñor Alberti, Jacinto Díaz y Garibaldi), San Isidro.
Autor: Fotoescultura en Talleres IFTA.
Material: bronce.
Fundición: Arnejo y Lascala.
Pedestal: granito Sierra Chica, ejecutado por la población penal, Ministerio de Obras Públicas.
Inauguración: 21 de abril de 1940.

El acto inaugural comenzó a las 9 a. m. del día 21 de abril de 1940, con la llegada de las autoridades municipales, funcionarios civiles y eclesiásticos al Colegio Santa Isabel, en cuya capilla descansan actualmente los restos del P. Castiglia, su fundador. También se hicieron presentes los Exploradores de Don Bosco de la Capital. Media hora más tarde, en el patio del colegio, el P. Guillermo Brett (primer colaborador del P. Castiglia y director del colegio de San Francisco de Sales en Ramos Mejía) celebró una misa de campaña, explicada por el P.Tomasini y acompañada por el coro del establecimiento junto con la banda del Colegio “León XIII”.

Finalizada la misa, una “columna cívica” formada por los presentes y escoltada por los batallones militares, puso rumbo a la plaza, donde ya aguardaba el intendente De Las Carreras; el director del colegio Santa Isabel, R. P. Luis Ramasso; el P. Brett; los presbíteros Reyneri, Tavani, González del Pino, Vicari y otros salesianos; el párroco Menini de San Isidro, y el de Martínez, P. Larrumbe. También estaban allí funcionarios municipales, vecinos y cooperadores salesianos. Una nota familiar fue la presencia de la hermana del P. Castiglia, sor Margarita, integrante de la Congregación Salesiana de María Auxiliadora.

Tras entonar el Himno Nacional, los miembros de la Comisión Pro Monumento procedieron a descubrirlo. Lo bendijo el P. Menini, y una delegación de niños del Colegio Santa Isabel y del Colegio Acassuso depositaron ofrendas florales.

Hablaron el escribano Juan Bisbal, en nombre de la comisión de homenaje, y luego, el intendente De las Carreras. También hubo discursos en nombre de los ex alumnos (Jacinto Rosello) y en nombre de la obra de Don Bosco (P. José Clemente Silva).

La conclusión fue un desfile de batallones y de escolares. El cierre de la ceremonia tuvo lugar, nuevamente, en el Colegio Santa Isabel, con un brindis y entrega de cuatro medallas conmemorativas por parte del superior de los Salesianos, al intendente, al presidente de la comisión de homenaje, al presidente del centro de exalumnos, Sr. Valentín Boris, y al exconcejal Acosta y Lara.

El sacerdote salesiano José Luis Castiglia gozó del afecto y el respeto de la comunidad sanisidrense que honró su memoria creando una plaza con su nombre donde se ubica este monumento, en el popular barrio “La Calabria” (o Villa Acassuso), en el cual ejerció su ministerio sacerdotal durante muchos años.

El monumento, ejecutado en los talleres de fotoescultura IFTA, fue costeado por suscripción popular, a través de una comisión que presidía Luis Z. Rey. La Municipalidad adquirió la totalidad de la manzana para la ejecución de la Plaza, mejorando de este modo la propuesta original de una plazoleta para juegos infantiles de menor superficie. La parquización estuvo a cargo de la Casa Peluffo de Buenos Aires.

El P. Castiglia fue representado en bronce, de pie, vistiendo un sobretodo clerical por encima de la característica sotana. Su silueta es delgada. En su mano derecha, llevada contra el pecho, sostiene un libro (quizá un breviario a juzgar por su tamaño), indicando en este gesto su frecuentación del estudio y la oración, como corresponde al fundador de un establecimiento educativo confesional (Colegio Santa Isabel), y a su perfil pastoral. Su rostro lo revela sereno, afable, bondadoso y pensativo. Un ligero adelantamiento y flexión de su pierna izquierda, como quien da un corto paso, le confiere a la figura un toque de dinamismo, en compensación con la verticalidad del conjunto de la escultura y su pedestal. El leve encorvamiento de la espalda acentúa el realismo de la figura. Es fácil imaginar el impacto emotivo que esta representación, notablemente lograda, seguramente causó al momento de su inauguración, en un público familiarizado con la presencia física y con los rasgos morales del sacerdote fallecido en 1933. Aunque el cronista local José S. Paván (que había sido alumno del P. Castiglia) objetó que se lo haya representado excesivamente alto, cuando era de mediana estatura.

La lectura integral de rostro, atributos y gestos corporales lo muestra tal cual era y tal cual lo recordaban sus feligreses. De este modo, el monumento barrial sanisidrense logra el efecto propio de todo monumento en cualquier lugar del mundo donde se levante: honrar una memoria meritoria, y, a la vez, mantenerla viva en las generaciones sucesivas.