Paseo del Águila

Ubicación: situado en el arranque de la calle General Pueyrredón, en la localidad de Martínez, en su deslinde con la localidad de Acassuso.
Uso: Paseo-mirador panorámico.
Inauguración: 1907.
Conjunto de valor patrimonial y ambiental.
 

Se trata de un paseo panorámico (y como tal, originalmente llamado “terraza”), destinado al ocio y al recreo público, construido a comienzos del siglo XX en la cresta y el clivaje de la barranca, desde la mencionada calle Pueyrredón hasta las vías del ferrocarril en el sector del Bajo. Ello explica su accidentada configuración y los meandros del recorrido de sus escaleras y senderos. 

En tiempo pasado, el paseo vino a conformar un conjunto urbano y una unidad de paisaje, conectado visualmente con el balneario que existió inmediatamente junto a su base y con el aspecto general de las propiedades linderas.

Las fuentes tradicionales (y la epigrafía en su baranda rústica) afirman que se inauguró en 1907, siendo intendente municipal don Avelino Rolón, con el nombre de “La Terraza de Martínez”. La inauguración del Monumento “El Águila de la Libertad”, en 1910, determinó el advenimiento del topónimo “Paseo del Águila”. 

Pero en 1919, se cambió por el de Paseo “Mar Dulce”, en coincidencia con el nombre del nuevo balneario y recreo popular habilitado en el bajo de la calle Pueyrredón, en el sector de la ribera. 

El paseo asumió las estéticas pintorescas epocales para este tipo de escaparates sociales, guardando consistencia de lenguaje expresivo y uso de materiales con los otros paseos panorámicos ubicados en la localidad de San Isidro, construidos y equipados en fechas más o menos coetáneas: el Paseo “de los Tres Ombúes” (año 1895), el Paseo “de los Paraísos” (1910) y el Paseo “del Tala” (1914).

Los elementos del equipamiento construido y que aún pueden observarse (las barandas), responden a la estética de la época del tipo “rocallas”. Este modismo tuvo su momento de auge hacia 1900. 

Pese a la profusión actual de vegetación, una antigua postal c 1910-1913 permite apreciar que el monumento ofrecía un despojamiento de árboles en su entorno inmediato, creando así un perímetro acotado al modo de una plazuela, apto quizá para el desarrollo de ceremonias alrededor de la alegoría patriótica en clave escultórica.

Recordemos que el “Monumento del Águila” integró el programa de acciones conmemorativas del Centenario de la Revolución de Mayo, en San Isidro, y viene a ser el primer monumento conmemorativo sanisidrense. Fue declarado en la categoría de Monumento Histórico Nacional mediante el decreto del PEN nº 769/2019.

En lo tocante a la memoria inmaterial del Paseo del Águila, no hay duda de que sigue siendo un hito de referencia para muchas personas que pudieron visitarlo y recorrerlo y conservan recuerdos asociados al lugar. Persiste un nexo afectivo anclado en “vivencias” que cada vecino o vecina sabrá calibrar en su universo de arraigos identitarios.

El lugar queda revestido de la doble condición de patrimonio material (en virtud de la subsistencia edificada), y de patrimonio inmaterial, porque permanece en el recuerdo afectivo de tantísimos vecinos del partido y de visitantes que, si bien por razones de edad no pudieron conocerlo en el momento de su inauguración, sin embargo llegaron a experimentarlo como lugar de ocio y recreo. A ello se añade su carácter de patrimonio natural, determinado por su arbolado y su enclave topográfico.